Beatriz Ranea y Puteros: Una mirada a la cara invisible
La obra Puteros, escrita por la socióloga Beatriz Ranea Triviño y publicada por la prestigiosa editorial Los Libros de la Catarata, se adentra en uno de los terrenos más pantanosos y debatidos del pensamiento contemporáneo: la prostitución. Sin embargo, a diferencia de muchos otros estudios que ponen el foco exclusivamente en las mujeres en situación de prostitución, este libro propone un cambio de paradigma radical. Ranea decide girar la cámara para enfocar directamente a la figura que suele permanecer en las sombras, protegida por un manto de silencio y complicidad social: el comprador de sexo o, como se le denomina frontalmente en el título, el putero.
A través de sus páginas, la autora realiza una labor de análisis necesaria para comprender cómo se sostiene el sistema prostitucional. El libro no solo es una investigación académica, sino una interpelación crítica que busca sacudir las conciencias y los debates, tanto dentro como fuera del movimiento feminista. Al centrarse en los hombres que consumen prostitución, Ranea Triviño desarticula la idea de que este es un problema exclusivo de las mujeres, revelando que la demanda masculina es, en realidad, el motor que perpetúa una estructura de desigualdad y explotación que la sociedad ha preferido ignorar sistemáticamente.
Sinopsis de Puteros
El libro se presenta como una disección minuciosa de la cultura y las prácticas que rodean a quienes pagan por servicios sexuales. La premisa central es la denuncia de una invisibilidad elocuente: mientras que sobre las mujeres recae todo el estigma social, los estereotipos y el juicio público, los hombres que acuden a los prostíbulos o contactan servicios por internet suelen pasar desapercibidos en los medios de comunicación, en las investigaciones e incluso en los debates legislativos. Esta tolerancia social hacia el putero es lo que Ranea se propone desmantelar, preguntándose por qué rara vez se les nombra y qué papel juegan en el entramado de la masculinidad hegemónica.
Para construir este relato, la autora no se queda en la teoría abstracta. El libro es el resultado de un exhaustivo trabajo de campo que incluye entrevistas con mujeres en contextos de prostitución, pero también con los propios puteros e incluso con algún proxeneta. Esta polifonía de voces permite entender la prostitución no como un acto aislado de libertad individual, sino como un síntoma de cómo se construye la sexualidad masculina en nuestra sociedad. Ranea explora cómo el consumo de cuerpos femeninos se ha convertido en un rito de paso o en un espacio de reafirmación del poder para muchos hombres, formando parte de una red de alianzas que refuerza el orden patriarcal.
Resumen de Puteros
El núcleo del libro aborda preguntas fundamentales que a menudo se evitan por incomodidad social. ¿Por qué hay hombres que pagan por sexo? ¿Por qué esta práctica es mayoritariamente masculina? A través del análisis de los testimonios recogidos, la autora identifica que el acto de pagar por sexo no responde únicamente a un impulso biológico irreprimible —un mito largamente alimentado—, sino a una construcción cultural de la virilidad. Para muchos de estos hombres, la prostitución es un espacio donde pueden ejercer un control absoluto y sin negociaciones, algo que el libro vincula directamente con la educación sentimental y sexual que reciben los varones en una sociedad que todavía tolera la cosificación de las mujeres.
Otro aspecto crucial del resumen de esta obra es el análisis de la complicidad masculina. Ranea Triviño describe cómo el consumo de prostitución a menudo se realiza en grupo, funcionando como un pegamento social entre varones. Este «pacto de caballeros» o alianza patriarcal asegura que lo que sucede dentro de las paredes de un club o un piso permanezca en secreto, protegiendo la reputación del consumidor mientras se mantiene el estigma sobre la mujer. El libro concluye que, para abolir o transformar el sistema de prostitución, es imprescindible redefinir colectivamente qué entendemos por libertad sexual y consentimiento, poniendo el foco en la responsabilidad de quienes ejercen la demanda y no solo en la vulnerabilidad de quienes son ofertadas.
La masculinidad y el mercado del deseo
Uno de los puntos más interesantes que desarrolla Beatriz Ranea es la relación intrínseca entre la identidad masculina y el mercado del deseo. En el libro se argumenta que el sistema prostitucional funciona como un «colegio de masculinidad», donde los hombres aprenden y validan ciertas formas de relacionarse con el otro sexo basadas en el dominio. El hecho de que la demanda sea masivamente masculina no es casualidad, sino el resultado de una socialización que enseña a los hombres que sus necesidades deben ser satisfechas de forma inmediata y que el dinero es una herramienta legítima para anular la voluntad de otra persona.
Esta perspectiva permite entender que el putero no es un individuo desviado o un «monstruo» ajeno a la sociedad, sino un producto funcional de la misma. Al analizar las entrevistas, se observa cómo muchos de estos hombres justifican sus acciones bajo la retórica del «consumo de ocio» o el «derecho al placer», despojando al encuentro de cualquier carga ética o humana. Ranea nos invita a reflexionar sobre cómo esta mentalidad de consumo afecta no solo a la prostitución, sino a todas las relaciones de género, al naturalizar la idea de que el cuerpo de las mujeres es una mercancía disponible si se tiene el capital suficiente.
El silencio mediático y la responsabilidad social
La autora dedica una parte significativa de su obra a analizar el papel de los medios de comunicación y el discurso público. Durante décadas, el debate se ha centrado en si las mujeres son víctimas o si ejercen su libertad, dejando fuera de la ecuación a la otra parte contratante. Este silencio ha permitido que la figura del putero permanezca en una zona de confort moral. Puteros critica esta tendencia y señala que la invisibilidad es una forma de protección política que perpetúa el sistema. Al no nombrar al responsable de la demanda, se le otorga una impunidad que le permite seguir participando en la explotación sin coste social alguno.
La obra de Ranea Triviño es también una llamada a la acción para la sociedad civil y el Estado. Propone que cualquier política que pretenda abordar la trata de personas o la prostitución debe pasar obligatoriamente por una educación sexual que cuestione los privilegios masculinos y desmonte los mitos sobre la sexualidad insaciable del hombre. Al desplazar el estigma desde la mujer hacia el consumidor, el libro busca romper el ciclo de tolerancia y forzar una reevaluación de lo que consideramos aceptable en una democracia que aspira a la igualdad real.
Opinión Crítica de Puteros
Desde una perspectiva analítica, Puteros es una obra valiente y sumamente necesaria en el panorama editorial actual. Beatriz Ranea Triviño logra equilibrar el rigor de la investigación sociológica con un lenguaje accesible y una sensibilidad humana profunda. Lo más destacable es su capacidad para desviar el foco de los debates estériles y situarlo en el origen del problema: la demanda. Al dar voz no solo a las víctimas, sino también a los verdugos y a los facilitadores (proxenetas), el libro ofrece una visión 360 grados que es difícil de encontrar en otras publicaciones sobre el tema. Es un libro que incomoda, y precisamente ahí reside su mayor virtud, ya que obliga al lector a cuestionar sus propios prejuicios y la complicidad estructural de la que todos, de alguna manera, formamos parte.
Recomiendo encarecidamente la lectura de este libro no solo a quienes estén interesados en el feminismo o la sociología, sino a cualquier persona que desee entender las dinámicas de poder que subyacen en nuestra sociedad. Es una lectura esencial para educadores, legisladores y, muy especialmente, para los hombres, quienes encontrarán en sus páginas un espejo donde mirar las sombras de su propia socialización. La obra de Ranea Triviño no es solo un análisis sobre la prostitución, sino un tratado sobre la ética del deseo y la urgencia de construir nuevas formas de masculinidad que no pasen por la compra de seres humanos.
¿Es posible erradicar la demanda de prostitución sin transformar primero nuestra concepción de lo que significa ser hombre en la sociedad actual? ¿Cómo podemos romper el silencio que protege a quienes sostienen económicamente este sistema de explotación?